sábado, 25 de julio de 2009
Reprise
miércoles, 8 de julio de 2009
Scott Walker: 30 Century Man

El año pasado el Festival Ambulante proyectó el documental Scott Walker: 30 Century Man, que ahora mismo está circulando en DVD (yo lo vi en una version pirata). La cinta, de 2006, es un recorrido sobre la historia musical del artista inglés: desde su participación con The Walker Brothers (que no son ni hermanos, ni son Walker) hasta su disco más reciente, el escalofriante The Drift. La película contiene valiosísimas entrevistas que ayudan a develar el universo sonoro de Walker, entre ellas resaltan las de David Bowie, Jarvis Cocker, Sting, Radiohead (sin Thom Yorke), Alison Goldfrapp, Brian Eno, Damon Albarn, Ute Lemper, entre otras. Scott Walker es una de esas figuras misteriosas que han ejercido una influencia insoslayable en el rock que se realiza en la actualidad. Bowie, por ejemplo, ha intentado en muchas canciones recrear los alcances de su voz y las atmósferas de sus piezas. (En Black Tie White Noise ofrece un destacado cover de “Nite Flights”.) Walker también elaboró la música de la película Pola X, tiene más de treinta años sin ofrecer un concierto y durante ese mismo tiempo solamente ha producido tres álbumes. La película fue dirigida por Stephen Kijak. Grant Gee –quien en 2007 efectuó un excelente documental sobre Joy Division– es responsable de la fotografía.
jueves, 25 de junio de 2009
La crítica de cine en México

sábado, 20 de junio de 2009
El periodista en el cine. Los secretos del poder
martes, 16 de junio de 2009
Voto nulo


El segundo segmento de la emisión de Primer plano del 15 de junio estuvo dedicado al tema del voto nulo. El extraordinario programa de Once tv –que hace unas semanas dio un giro a su escenografía para agregar una dinámica distinta a las tomas que ofrece el programa– expuso en voz de José Antonio Crespo, Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo y Francisco Paoli Bolio uno de los argumentos más sólidos respecto al tema que ha cobrado fuerza con la cercanía de las elecciones del 5 de julio. Para mantener su registro, los partidos políticos necesitan alcanzar al menos el 2.5% de la votación total. Así, existe una diferencia relevante entre anular el sufragio y no asistir a las casillas. El primer caso representaría sumar el voto al universo total de boletas contables. Con ello, los partidos de poca convocatoria –Partido Verde Ecologista, Partido Nueva Alianza, Partido Socialdemócrata, etc– deberán reunir más papeletas a favor para mantener su registro. El voto nulo tendría repercusión directa: mientras más boletas sean anuladas crece la probabilidad de negar el porcentaje mínimo que necesitan estos partidos para sobrevivir.
No asistir a votar significaría principalmente dos cosas: total desconfianza en el sistema de elección o, sencillamente, ignorancia. En cualquiera de los dos casos su resonancia sería nula. Por el contrario, invalidar el voto tendría como resultado castigar a los partidos preocupados por beneficiarse de un presupuesto, pero alejados de sus responsabilidades luego de recibir los sufragios necesarios para garantizar su existencia. El mecanismo, sin embargo, no afectaría a las tres instituciones más poderosas y que más daño han hecho a la ciudadanía: PRI, PAN y PRD. No obstante, sería un primer paso para poner en crisis el sistema político con el que contamos. (Los cartones son de Hernández; aparecieron en La Jornada.)
martes, 9 de junio de 2009
A favor de la piratería

sábado, 30 de mayo de 2009
Secuencias. El silencio de los inocentes
El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs), dirigida por Jonathan Demme, pertenece al subgénero de asesinos seriales. No obstante, su lectura no se limita a las fronteras de este discurso audiovisual, ya que la cinta ofrece líneas de interpretación vinculadas al ritmo narrativo, la caracterización de los protagonistas y la dirección de arte, entre otras. La cámara captura el rostro de Lecter (Anthony Hopkins) a través de un compás intimidatorio, sobre todo cuando está a punto de atacar a sus víctimas. Por su parte, la mayoría de los escenarios son claustrofóbicos, desprovistos de ventanas, como si el encierro fuera una metáfora del estado mental de las figuras principales: Lecter, Buffalo Bill (Ted Levine) y Clarice Starling (Jodie Foster).
Las secuencias de esta película están proyectadas cuidadosamente. Cualquiera de ellas tiene méritos cinematográficos y extracinematográficos dignos de ser analizados, como el perfil psicológico de Bill, basado en dos asesinos seriales famosos, Ed Gein y Ted Bundy; los extraordinarios diálogos efectuados entre Starling y Lecter, y la capacidad para capturar estos momentos sin recurrir al campo-contra campo; o las elipsis narrativas donde la aspirante a formar parte del FBI regresa a su niñez para recordar la muerte de su padre.
En el minuto 79 con nueve segundos comienza una de las representaciones más impresionantes de El silencio de los inocentes. Luego de robar el bolígrafo del Dr. Chilton, Lecter utiliza este artefacto para abrir las esposas que lo atan a uno de los barrotes de la jaula, mientras espera a que dos policías le sirvan el segundo platillo del día. Este escenario, como lo explica la diseñadora Kristi Zea, fue creado basándonse en distintas pinturas de Francis Bacon (Crucifixión, Estudio sobre el retrato del papa Inocencio X de Velázquez, Pintando). El asesino interpretado por Hopkins ejecuta uno de los proyectos criminales más perturbadores de la historia del cine: desprende cuidadosamente la piel del rostro de uno de los gendarmes para utilizarlo como máscara y huir haciéndose pasar por él. Narrativamente, la secuencia es perfecta: el espectador la vive desde el punto de vista de los integrantes del FBI. Por ello, la fuga de Lecter se revela en el mismo instante en el plano del relato y en el de la fábula. El ordenamiento se desarrolla en tres espacios que se desdoblan hasta formar ocho escenarios: el interior de la celda donde se encuentra encerrado, la planta baja del museo, las escaleras, el exterior de la jaula, el exterior del museo, el elevador, la ambulancia y el pasillo del departamento del FBI. Durante ese lapso, Lecter asesina a cinco personas. Sin embargo, el destinatario de las imágenes solamente presencia tres de los ataques.
Este episodio está conformado por 104 planos contados a través de diez minutos y cuatro segundos. Dentro de la prisión existen dos horizontes musicales: el que se desenvuelve en la trama cuando Lecter reproduce una cinta y el que se expone cuando comienza el ataque del asesino. El final de esta sucesión de imágenes me recuerda el desenlace de "Continuidad de los parques" de Julio Cortázar. La enumeración como estrategia para develar una realidad terrible. De hecho, la descripción podría ensayarse de la siguiente manera: el comando destapa la escotilla del elevador en el interior del museo. En la ambulancia el paramédico y el policía herido, y entonces el gendarme con el rostro ensangrentado se levanta de la camilla y desprende su máscara de carne, una mujer corre asustada a lo largo del pasillo de las oficinas del FBI, mientras el teléfono que acaba de soltar oscila sostenido por el cordón que lo ata a su embalaje.