sábado, 30 de mayo de 2009

Secuencias. El silencio de los inocentes

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El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs), dirigida por Jonathan Demme, pertenece al subgénero de asesinos seriales. No obstante, su lectura no se limita a las fronteras de este discurso audiovisual, ya que la cinta ofrece líneas de interpretación vinculadas al ritmo narrativo, la caracterización de los protagonistas y la dirección de arte, entre otras. La cámara captura el rostro de Lecter (Anthony Hopkins) a través de un compás intimidatorio, sobre todo cuando está a punto de atacar a sus víctimas. Por su parte, la mayoría de los escenarios son claustrofóbicos, desprovistos de ventanas, como si el encierro fuera una metáfora del estado mental de las figuras principales: Lecter, Buffalo Bill (Ted Levine) y Clarice Starling (Jodie Foster).

Las secuencias de esta película están proyectadas cuidadosamente. Cualquiera de ellas tiene méritos cinematográficos y extracinematográficos dignos de ser analizados, como el perfil psicológico de Bill, basado en dos asesinos seriales famosos, Ed Gein y Ted Bundy; los extraordinarios diálogos efectuados entre Starling y Lecter, y la capacidad para capturar estos momentos sin recurrir al campo-contra campo; o las elipsis narrativas donde la aspirante a formar parte del FBI regresa a su niñez para recordar la muerte de su padre.

En el minuto 79 con nueve segundos comienza una de las representaciones más impresionantes de El silencio de los inocentes. Luego de robar el bolígrafo del Dr. Chilton, Lecter utiliza este artefacto para abrir las esposas que lo atan a uno de los barrotes de la jaula, mientras espera a que dos policías le sirvan el segundo platillo del día. Este escenario, como lo explica la diseñadora Kristi Zea, fue creado basándonse en distintas pinturas de Francis Bacon (Crucifixión, Estudio sobre el retrato del papa Inocencio X de Velázquez, Pintando). El asesino interpretado por Hopkins ejecuta uno de los proyectos criminales más perturbadores de la historia del cine: desprende cuidadosamente la piel del rostro de uno de los gendarmes para utilizarlo como máscara y huir haciéndose pasar por él. Narrativamente, la secuencia es perfecta: el espectador la vive desde el punto de vista de los integrantes del FBI. Por ello, la fuga de Lecter se revela en el mismo instante en el plano del relato y en el de la fábula. El ordenamiento se desarrolla en tres espacios que se desdoblan hasta formar ocho escenarios: el interior de la celda donde se encuentra encerrado, la planta baja del museo, las escaleras, el exterior de la jaula, el exterior del museo, el elevador, la ambulancia y el pasillo del departamento del FBI. Durante ese lapso, Lecter asesina a cinco personas. Sin embargo, el destinatario de las imágenes solamente presencia tres de los ataques.

Este episodio está conformado por 104 planos contados a través de diez minutos y cuatro segundos. Dentro de la prisión existen dos horizontes musicales: el que se desenvuelve en la trama cuando Lecter reproduce una cinta y el que se expone cuando comienza el ataque del asesino. El final de esta sucesión de imágenes me recuerda el desenlace de "Continuidad de los parques" de Julio Cortázar. La enumeración como estrategia para develar una realidad terrible. De hecho, la descripción podría ensayarse de la siguiente manera: el comando destapa la escotilla del elevador en el interior del museo. En la ambulancia el paramédico y el policía herido, y entonces el gendarme con el rostro ensangrentado se levanta de la camilla y desprende su máscara de carne, una mujer corre asustada a lo largo del pasillo de las oficinas del FBI, mientras el teléfono que acaba de soltar oscila sostenido por el cordón que lo ata a su embalaje.




lunes, 25 de mayo de 2009

Secuencias. A prueba de muerte (Death Proof)

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A prueba de muerte (Death Proof), de Quentin Tarantino, contiene una de las secuencias de choques de autos más deslumbrantes, técnicamente, de la historia del cine. Luego de un baile que Arlene (Vanessa Ferlito) realiza en un bar llamado Texas Chili Parlor a Stuntman Mike Mikke (Kurt Russell) –por una apuesta anunciada a través de la radio por Jungle Julia (Sydney Poitier)–, el grupo de mujeres integrado por las mencionadas más Shanna (Jordan Ladd) y Lanna Frank (Monica Staggs) sale del lugar, en auto, hacia un lago cercano. Mientras ellas se dirigen al estero, Stuntman Mike se encarga de asesinar dentro de su coche –un Chevrolet de los setenta acondicionado a prueba de muerte– a otra mujer que se encontraba en el sitio. El crimen se efectúa utilizando al vehículo como arma. Entonces, el personaje interpretado por Russell rebasa al otro automóvil, da un giro vertiginoso para posicionarse frente a él, apaga las luces con un movimiento de dedos agresivo y acelera sin soltar el freno.


En el minuto 50:57 de la cinta comienza el brutal choque que provoca la muerte de las cuatro mujeres y la hospitalización del hombre. Durante ese lapso, que dura 36 segundos, se efectúan 33 cortes que muestran cuatros de las cinco perspectivas de la colisión. El momento previo es preparado por Tarantino por un ritmo de montaje acompasado con los movimientos de las cuatro mujeres, teniendo como fondo una melodía de Dave, Dee, Dozy, Beacky, Mich and Tick. Los planos enfocan el rostro de cada una de ellas cuidando la cadencia del desplazamiento de sus cabezas con la resonancia de la música. Una de las figuras exige un volumen más alto y entonces el Chevy de los setenta se encuentra a escasos metros, viajando a una velocidad cercana a los 300 kilómetros por hora, cuando repentinamente enciende sus luces y un segundo después se lleva a cabo el despiadado golpe.

El primer punto de vista es el de Shanna, quien desde la parte trasera del copiloto sale disparada por el parabrisas. La segunda perspectiva es la de la conductora, Lanna Frank, quien recibe al auto de frente. Las escenas de este ángulo son cuatro, dos de ellas tomadas desde arriba. El encuadre final de esta óptica comprende el tenis que se desprende del pie de Shanna al salir proyectada. El tercer enfoque es el de Jungle Julia, que lleva su pie derecho fuera de la ventana del copiloto. En el instante del choque, la totalidad de su pierna se desliga de su cuerpo. El siguiente corte muestra cómo el miembro cae precipitadamente en el pavimiento. Finalmente, la perspectiva de Arlene, la única que lleva puesto el cinturón de seguridad, exhibe tres planos deslumbrantes: close up a su cara, acercamiento a sus ojos –que se cierran tratando de evitar la imagen de su muerte– y el momento en el que una de las llantas del auto de Stuntman destruye su rostro al pasar por encima de él. La imagen que proyecta los dedos del conductor del Chevy al tiempo que prende las luces del auto, sirve para anunciar el cambio entre las perspectivas de las protagonistas.

Así, en la historia el choque acontece una sola vez, mientras que en el relato sucede en cuatro turnos. El director estadounidense tuvo que grabar esta secuencia en muchas ocasiones, al menos las siguientes: la de la colisión efectiva entre los dos autos (filmada por distintas cámaras para brindar los puntos de vista de atrás, de arriba, de lado, de frente y de la parte final del suceso); las tomas de frente a Stuntman y las correspondientes a las perspectivas de cada una de las mujeres, sin contar los acercamientos que existen en el interior del vehículo que las transporta. La secuencia termina con la caída del Chevy mientras se expone la imagen que éste lleva en el cofre: una calavera color blanco. El desvanecimiento a negro anuncia la finalización de una cadena de imágenes impactantes y vertiginosas. Lástima que, como sucede con todo el cine de Tarantino, este ordenamiento técnicamente perfecto le sirva para decir cualquier cosa. O lo que es peor: nada.